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Bebés alérgicos Print E-mail
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Se estima que uno de cada 5 niños que visita al pediatra presenta una enfermedad alérgica y que más del 20 por ciento de los niños en edad escolar se ven afectados por dicho trastorno; pero este problema, ya de por sí preocupante, quizá lo es aún más cuando afecta a recién nacidos. 

Si atendemos a los datos, debemos tener en cuenta que, si una persona es alérgica, tener descendencia con posibilidades de desarrollar alergias ronda el 25 por ciento, y si ambos, padre y madre, lo son, tales posibilidades ascienden al 75 por ciento. No obstante, lo que en realidad se hereda no es la alergia, sino la predisposición a hacerse alérgico. En otras palabras, nadie nace alérgico, sino que la alergia se desarrolla con el paso del tiempo.

En cualquier caso, ésta es una premisa sin duda muy significativa que nos ha de instar a estar atentos a cualquier reacción sospechosa por parte de nuestro bebé ante potenciales fuentes alergénicas: insectos, ácaros, animales domésticos, alimentos, etc. Así, tras haber estado en contacto directo con dichas fuentes, pueden aparecer algunos síntomas como mareos, hinchazón de la lengua, labios o cara, dificultades respiratorias, vómitos, sarpullidos y ronchas, en cuyo caso hay que intentar tranquilizarse y llamar a los servicios de urgencia.

Difícil prevención

En los últimos tiempos parece haberse acrecentado la relación de potenciales alergenos: nuevos aditivos en los alimentos, polución o tabaquismo, cuando no los ácaros del polvo, el pelo de los animales domésticos, la contaminación ambiental, algunos cosméticos o productos de limpieza, etc. Si el paciente -en este caso un bebé- permanece expuesto a ellos durante un cierto tiempo, puede padecer la denominada alergia perenne, en contraposición a las alergias provocadas por el polen, que sólo aparecen en primavera y verano, razón por la cual se las llama alergias estacionales.

Desde hace bastante tiempo se sabe que las alergias y el asma tienden a afectar a las mismas familias, razón por la cual los esfuerzos de prevención se han centrado inicialmente en los hijos de padres alérgicos o asmáticos. Sin embargo, tanto las alergias como el asma no se pueden prevenir de manera uniforme, por lo que se procura que las familias con antecedentes de enfermedades alérgicas adopten medidas para retardar o reducir las alergias en sus hijos de corta edad.

Entre los elementos más comunes que inicialmente actúan como desencadenantes de alergia (alergenos) se encuentran el polen y el moho presentes en el aire que respiramos. Su efecto se traduce en congestión nasal, enrojecimiento de los ojos e irritación de garganta y tos. Por lo general su origen es estacional, de modo que si esta sintomatología coincide con los meses de primavera y verano, es importante consultar con el pediatra para evitar complicaciones, máxime teniendo en cuenta que los síntomas de un resfriado y de la alergia al polen son bastante parecidos.

Alimentación vigilada

Otro factor muy importante desencadenante de alergias reside en algunos alimentos, que en los niños predispuestos pueden dar origen a graves reacciones que van desde irritaciones hasta la temida anafilaxia (fallo sistémico provocado por una reacción exagerada del organismo ante determinadas sustancias ajenas al mismo).

Según la Academia Americana de Alergia, Asma e Inmunología, la principal estrategia para prevenir alergias a los alimentos es retardar la exposición a los mismos, incluidos los líquidos potencialmente alergénicos, pues los recién nacidos pueden ser más susceptibles a una sensibilización frente a determinados alimentos que los niños mayores.

Les deben dar el pecho a sus bebés, si es posible, por lo menos durante cuatro a seis meses, ya que es mucho menos probable que la leche materna produzca reacciones alérgicas; además, es capaz de potenciar el sistema inmunológico del pequeño, con lo que de entrada se fortalecen las defensas de éste contra las infecciones respiratorias.

Para los bebés que no puedan ser alimentados con leche materna, se cuenta en la actualidad con las "leches maternizadas", cuya composición varía en nutrientes, número de calorías, sabor, capacidad para ser digerida y coste. Su fórmula se acerca bastante a la leche natural materna, y además viene enriquecida con vitaminas y minerales, aunque carece de la capacidad inmunológica que confiere la leche procedente de la madre. En cualquier caso, la administración de estos productos requiere la supervisión del pediatra.

Prevención

Dado que las alergias puedan desencadenar asma, es importante aplicar un control drástico de los ácaros mediante las medidas indicadas en recuadro superior. De igual modo, los especialistas hacen especial hincapié en que exponer a los niños a ambientes cargados con humo de cigarrillo en el hogar también aumenta la incidencia del asma y otras enfermedades respiratorias crónicas durante la infancia.

A la postre, todas estas precauciones contribuyen también a prevenir en los recién nacidos y niños con predisposición alérgica, el eczema o dermatitis atópica, un problema cada vez más presente en los bebés. En estos casos hay que solicitar consejo profesional sobre aspectos como el tipo de tejidos empleados en la ropa (lo mejor: el algodón), la dieta (retrasar hasta el año de edad el consumo de alimentos alergénicos como el huevo y la leche de vaca), erradicación de ácaros, etc. 

CUIDADO CON LOS ÁCAROS DEL POLVO
» La exposición temprana a los ácaros del polvo en el hogar se relaciona con la alta incidencia de alergia de los niños a estos microorganismos, de lo que se deriva la conveniencia de tomar medidas para controlarlos y erradicarlos.

» Estas medidas incluyen el uso de fundas plásticas con cremallera en las almohadas y colchones y el lavado de la ropa de cama con agua caliente cada semana.

» La humedad relativa del aire en espacios interiores debe mantenerse por debajo del 50 por ciento para inhibir el crecimiento de ácaros.

» Evitar el uso de humidificadores o vaporizadores ya que aumentan la humedad. Si es posible deben retirarse del cuarto del bebé las alfombras, los muebles tapizados y los objetos que acumulan polvo.

» El desarrollo de alergias a animales en los niños recién nacidos se relaciona con la presencia de animales peludos en las casas. Estas alergias se desencadenan por las proteínas presentes en la saliva, orina y caspa de ciertos animales con pelo, incluidos los perros, gatos, conejos y roedores. Por esta razón, durante sus primeros años de vida, los bebés de familias alérgicas no deben estar expuestos a estas mascotas.

FUENTE: Academia Americana de Alergia, Asma e Inmunología (AAAAI).
 

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