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LA CONEXIÓN ENTRE ELLOS ES INDUDABLE, PERO ES MUY IMPORTANTE QUE SE DESARROLLEN COMO SERES SEPARADOS Y DIFERENTES
La historia de los gemelos es una historia de amor y de desamor. Ya en el útero se acurrucan y se acarician, a la vez que compiten y pelean por ocupar el mejor lugar. 

La conexión entre ellos es indudable. Son ataduras tan especiales que cuando cumplen dos años tienen una grado de empatía, es decir de identificarse con su hermano y compartir sus sentimientos, sorprendente. Pero no todo es de color de rosa. Los celos y las envidias surgen fácilmente y la rivalidad está servida.

En el útero comparten espacio y cuando nacen siguen haciéndolo. Han de esperar su turno para poder alimentarse, para que les cambien el pañal o les cojan en brazos cuando lloran. Lo comparten todo, por lo que no dudan en convertirse en los protagonistas de una particular competición en la que el premio es, ni más ni menos, que una mayor dosis de atenciones; una competencia que puede ayudarles a estimular su individualidad pero que llevada al extremo puede traer problemas.

Pasan mucho tiempo juntos, se desarrollan más o menos a la vez, tienen las mismas necesidades y al mismo tiempo, pero es muy importante que se definan como seres separados y diferentes. Han nacido juntos peros no son iguales y han de crecer como personas individuales. Esto es algo importante para que su desarrollo personal sea completo y para evitar que una separación, por corta que sea, acabe siendo traumática.

Puede decirse que el desarrollo de los gemelos
¿Sabías que...?
Los gemelos pueden tener cierto retraso en la adquisición del lenguaje y de las habilidades motoras durante el primer año de vida debido a que se relacionan menos con sus padres que otros niños. La causa es una mera cuestión de tiempo. Con dos niños creciendo a la vez, en general y según algunos estudios, se les habla menos que a los niños que nacen solos. De ahí que sea tan importante que los padres, juntos y por separado, pasen tiempo a solas con cada uno y que los niños no estén solos, entreteniéndose mutuamente, largos periodos. Y es que, si se les estimula de forma adecuada, este retraso desaparece cuando alcanzan entre los cuatro y los seis años.

Seguro que ha oído hablar alguna vez del 'lenguaje de gemelos'. Los niños inventan palabras, expresiones o gestos que sólo ellos entienden. En pequeñas cantidades, estas invenciones son sólo una evidencia más de la complicidad que existe entre ambos, pero cuando lo utilizan más de la cuenta puede que con ello excluyan a otros hermanos y miembros de la familia y acabe convirtiéndose en un problema serio. 

está siendo adecuado cuando, en la infancia, la principal fuente de bienestar no es el otro hermano, sino la madre o el padre, si no participan en demasiados juegos de imitación con su hermano, pocas veces se alteran cuando el otro está alterado o castigado y no hablan en lenguaje de gemelos.

También es una buena señal el hecho de que, ya de mayores, tengan amigos, aficiones e intereses distintos, y no les importe separarse en algunas situaciones habituales.

Dependencia

Individuales pero irremediablemente dependientes. Los gemelos dependen más el uno del otro que los hermanos de distintas edades, hasta tal punto que, en ocasiones, su salud sale beneficiada por ello; de hecho, muchos hospitales les ponen juntos en las incubadoras, porque así se desarrollan más rápido.

En los primeros años la dependencia continúa, pues, aunque vayan a la guardería o al colegio, tardan más que el resto en hacer amigos. No es por timidez, de hecho, por su estrecha convivencia suelen ser niños muy sociables y, en no pocas ocasiones, gozan de popularidad dentro de clase; es simplemente que, como ya tienen un fiel amigo en casa, no sienten la necesidad de buscar con quién compartir sus juegos.

Y aunque se suele pensar que uno domina al otro, no siempre es así. De hecho, los gemelos monocigóticos o idénticos con frecuencia se turnan para 'tirar del carro', en unas etapas uno y en otras otro. Puede que, al menos en apariencia, siempre decida el mismo, pero eso no significa que el otro no sea tan dominante y líder como su hermano. En realidad, los dos tienen el don del liderazgo pero, como no lo pueden demostrar a la vez, y por el bien de la convivencia, uno asume el control mientras el otro pasa a un segundo plano. Cuando están separados, el aparentemente sumiso toma el control de la situación. 

En el colegio

No hay una regla buena para todos y, aunque la norma que impera en muchos colegios es separarles, no hay ningún estudio que confirme que la separación conduzca a una mayor individualidad. Hay quien comparte hasta el pupitre y tienen una vida satisfactoria e independiente y quien necesita desenvolverse en colegios distintos. No tome la decisión a ciegas y tenga en cuenta la edad de los niños y la relación que exista entre ellos.

La escolarización han de empezarla juntos. Separarles de la madre ya es suficiente reto como para hacerlo también del hermano gemelo. Aún no conocen muy bien el concepto del "yo" y del "otro" y se sienten como una unidad con el hermano, por lo que separarles puede incluso causarles un trauma. Además, juntos en la guardería se apoyan mutuamente, toda una ventaja. A partir de los tres o cuatro años, ya saben quién es quién, por lo que la cosa cambia. Si se llevan bien no hay motivos para separarles, pero si uno es muy dominante y arrastra al otro quizás hacerlo sea una buena opción pues, al estar el uno sin el otro, pueden ser ellos mismos.

Cuando cumplan los seis años se ha de plantear las cosas de nuevo. Si dependen mucho el uno del otro, si uno critica continuamente a su hermano, domina al otro, se responsabiliza por los dos o lo cuenta todo en casa y el otro no puede añadir nada suyo, hay que sopesar la posibilidad de separarlos, aunque hasta ahora hayan ido juntos.

Los niños cambian y lo que hoy es la mejor decisión puede que al año que viene no lo sea por lo que cada año ha de plantearse de nuevo la necesidad de llevarles juntos o separados al colegio. Puede que uno sea muy sociable y el otro no consiga hacer amigos, que uno sea más inteligente y el otro esté celoso por ello, razones todas que apuntan a una posible separación en el siguiente curso. 

Cuando vayan a la misma clase

1. Si tiene una cita con el profesor, procure hablar de cada niño por separado.

2. Cerciórese de que en el colegio son capaces de tratarlos como personas individuales y no como una unidad. Si son idénticos, ayúdeles a distinguirlos.

3. No compare los trabajos de los niños y menos aún delante de ellos. Si lo hace, aumenta la rivalidad. Destaque los puntos fuertes de cada uno, como que uno pinta muy bien y el otro suma genial.

4. Pida al profesor que no los ponga juntos en trabajos en grupo, así aprenden a valerse por sí mismos.

5. A veces el profesor no está al tanto de las peculiaridades que rodean el mundo de los gemelos. Toda la información que pueda darle al respecto (sus dependencias, sus peleas, sus rivalidades y su compañerismo) es importante para él. 

FUENTES: Asociación Madrileña de Partos Múltiples (AMAPAMU) Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria y Academia Estadounidense de Médicos de Familia.

SI ES PADRE DE GEMELOS
1. Piense en ellos como en seres individuales: no se refiera a ellos como 'los gemelos' o 'vosotros', llámeles siempre por su nombre y pida a las personas que les rodean que hagan lo mismo. Cuando escoja sus nombres, evite los que suenen de manera parecida o rimen, como Carla y Clara. Aunque nacen juntos son diferentes, por lo que evite hacerles siempre los mismos regalos o vestirles habitualmente de la misma manera.

2. Conceda a cada gemelo su propio tiempo: necesitan un tiempo exclusivo con sus padres. En estos momentos a solas, usted descubrirá los aspectos únicos de sus hijos y ellos vivirán experiencias que sólo les pertenecen a ellos y que les ayudarán, cuando son más pequeños, a adquirir el sentido del 'yo'.

3. Acepte las peleas como algo propio de su convivencia: hasta los treinta meses los niños no entienden bien el concepto 'yo' y, como los gemelos desarrollan primero el sentido del 'nosotros', ellos tardan incluso un poco más. Como tienen la misma edad y se imitan continuamente, siempre quieren lo mismo. Y como pasan juntos mucho tiempo, hay momentos en los que se estorban, por lo que no está de más separarlos de vez en cuando.

4. Con la edad, las peleas continúan: enséñeles a usar los juguetes por turnos y a usar las palabras en vez de las peleas cuando compitan por algo. No actúe como juez; deje que cada uno cuente su versión y no intervenga a la primera, a veces lo solucionan por si solos.

5. Escuche sus sentimientos: tenga siempre presente que para ellos es difícil compartir el cariño de los padres y que necesitan reafirmar su identidad. Por ello, en lugar de prohibir o rechazar sentimientos negativos hacia el hermano o forzar buenos sentimientos, escuche su frustración y su rabia. Eso sí, en cuánto pueda, ha de enseñarles que se pueden resolver los conflictos hablando y discutiendo, pero que no se permite hacer daño a los demás.

6. Encasillar es limitar: las expectativas pueden influir no sólo en cómo se sienten sino en cómo se comportan. Si se sienten encasillados como niños difíciles o rebeldes actuarán así y la rivalidad entre los hermanos aumentará.

7. No los compare y menos aún delante de ellos: cada niño se desarrolla a su ritmo y tiene su propio carácter; comparándoles lo único que puede conseguir es que los celos se refuercen y que el hermano que sale mejor parado acabe cargando con el resentimiento del otro. Fomente más la colaboración que la competencia y destaque las cualidades de cada cual, pero cuando lo haga no los compare, es decir, no utilice al otro como medida, ni positiva ni negativa. Tampoco se preste a conversaciones del tipo "cuál es el más listo o el más trasto". Si a uno se le da bien algo, no pierda de vista al otro, pues puede que evite esa actividad por miedo a no dar la talla. Y cuando sean ellos los que se comparen, quítele importancia y hágales ver que cada uno tiene sus propias cualidades.

8. No busque la educación igualitaria, sino una acoplada al carácter de cada uno: si es uno de los muchos padres que piensa que la mejor manera de evitar discusiones y que reine la armonía es darles a los dos cualquier cosa por igual está equivocado. Sin darse cuenta, fomenta la comparación y entra en una realidad en la que nunca hay suficiente igualdad. Y es que, no hay que darles lo mismo, sino lo que cada uno necesite. Si se siente tentado a regañar o a castigar a ambos por la travesura de uno de ellos, no caiga en la tentación y tome medidas por separado. Cuando tenga que inculcarles normas, lo tiene más complicado. Y es que si los dos se encaprichan con algo suelen unir sus fuerzas y formar un bloque contra los padres. Para evitarlo, ha de hablarles a cado uno individualmente, en grupo se sienten menos aludidos.

9. No se olvide de los demás niños de la familia: cuidar gemelos requiere tanto tiempo que puede que los demás hermanos se sientan olvidados. Además, los gemelos pueden tener una relación tan estrecha que excluyan al resto de la familia. Elogie a los otros hermanos e involúcreles en el cuidado de los gemelos desde el principio, así las cosas irán mejor.

10. No se olvide de si mismo/a y/o de su pareja: usted y su pareja también son importantes. Han de encontrar la forma de tener tiempo para ustedes, para así poder descansar y hablar de sus sentimientos y de sus problemas.

 

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